miércoles, 25 de junio de 2008

Las malas compañías

No sé que pasó con el mundo. Cuando yo era adolescente salía con chicos y no tenía problemas. En ese momento no había tanto bombardeo de medios de comunicación como ahora. No usábamos mucho el MSN, yo no tenía Internet en mi casa y no tenía celular. Salir con un chico era verse “cuando daba”. Si, eventualmente, salíamos los dos al mismo lugar y nos teníamos ganas, nos íbamos por ahí, la pasábamos bomba y después cada uno seguía su rumbo. En ocasiones había un acuerdo tácito del estilo “no somos novios pero no salimos con nadie más”. Otras veces ese acuerdo no tenía la más mínima chance de ser cumplido por alguna de las partes y solo nos limitábamos a pasarla bien. En estas idas y venidas me rompieron el corazón algunas veces, pero no me quejo, aprendí mucho.

Hay veces en que una se siente carente de afecto y es cuando le agarra el ataque quierounnovio, a veces solo querés compartir algunas cosas con alguien y otras veces solo querés satisfacer la básica necesidad de tener sexo. Solo eso. En base a esto, traté de segmentar el mercado del sexo opuesto.

En primer lugar están los amigos. A veces son solo amigos, otras veces uno le quiere dar al otro y todo se desvirtúa. Cuando tenés un amigo de verdad y un día se dan, es muy complicado volver atrás. Lo mismo pasa a la inversa, cuando conoces a alguien que le tenés ganas y, se den o no, un día ese alguien se convierte en amigo. Ahí tampoco se puede retroceder porque le empezaste a contar una pila de cosas que solo las saben los amigos, y ni siquiera todos. Los pongo en primer lugar porque pueden ser descartados del análisis ya que como son amigos no es necesario andar con vueltas y las cosas se dicen de una.

En segundo lugar encontramos a los que te garchás periódicamente y su única relación es esa. Ellos son los chongos. Arreglan sus salidas por chat, mail, MSN y sms. Digamos que los que comparten es bastante superficial. Hablan de cómo está el día, que hicieron, si trabajaste y como vas con la facu. En el medio de esa charla superflua se ponen a chapar desesperadamente y terminan garchando en cualquier lugar que soporte el peso de uno de los dos o de los dos. En su defecto, dependiendo de la desesperación, la comodidad disponible y la contextura de los cuerpos, también se dan parados apoyados en la primera pared que encuentren. Con estos aprendes de todo porque como ninguno de los dos toma esta pseudorelación como algo serio, hacen cualquier cosa sin vergüenza.

En tercer lugar se encuentran los que son una salida, no son novios pero tampoco un garche o chongo. Podríamos decir que estos son de la categoría que cuando te preguntan “¿Quién es Roberto?”, una dice “mi chico” porque no sabe que carajo decir. En las charlas, además de los temas antes mencionados, estos se enteran que tenés una familia, se acuerdan lo que estudias y comentan algunos de los objetivos que tiene cada uno. Como suelen verse con cierta periodicidad, hablan por teléfono, por chat, sms y, además, conservan cierto pudor, no suelen darse (tanto) hasta morir. Guardan un poco de energía para los mimos, halagos y mentiras posteriores al garche.

En cuarto lugar están los novios. En esta categoría no me voy a explayar por dos motivos. Primero porque mi problema está situado en los puntos anteriores; segundo porque son tan comunes que no valen la pena, ya todos los conocemos.

Mi problema se encuentra entre la categoría dos y la tres. Siempre puedo distinguir entre el que aplica de entrada para la categoría 2 y el que es de la 3. Estos no se mezclan, no pueden saltar la pared que los divide. Si empiezo con alguien como garche degenerado nunca va a ser una salida como la gente. Últimamente me estoy encontrando con muchos que pretenden ser de la tercera cuando yo los clasifiqué, por algún motivo, en la segunda.

Para mí, el que es salida es un novio potencial: si bien no tiene los mismos derechos que este último, si debe comportarse como tal. Con esto de comportamiento me refiero a que no coma como un cerdo muerto de hambre, hable bien, no le agregue s a los verbos en segunda persona y tiempo pasado, etc. Cuando digo que no tiene los mismos derechos, me refiero explícitamente a que no se quede a dormir sin que lo invite, que no se tome atribuciones que no le corresponden, que no me revise el celular y que ni se le ocurra hacerme un mínimocuestionamiento acerca de mis amigos hombres. Siendo honesta, estas cosas tampoco las tolero de un novio, pero al menos trato de hacer el esfuerzo.

Un problema que me aqueja es que odio la gente densa, la gente que cargosea continuamente. Esto aplica para todas las categorías. Ni hablar del que me cargosea y yo ya lo clasifiqué en la segunda categoría. Ahí hago uso de mi derecho de admisión y lo deshabilito automáticamente. Porque una cosa he aprendido: si les das la mano, te agarran todo. Si un día llovía y se quedaron a dormir, pretenden quedarse siempre; si los invitaste a comer una vez, la próxima vienen sin cenar total “pican algo” en tu casa, y así sucesivamente.

Además de clasificarlos rápidamente, trato de captar en donde me clasificaron ellos. Si estamos en la misma categoría sigo, sino no. Porque también hay que tener en cuenta que una los puede habilitar para la tercera, pero si ellos te tomaron en la segunda, estás muerta. Ahí terminas enamorada y, probablemente, dejada, porque por algo te calificaron para la segunda. Y yo no estoy para enamorarme de un amor imposible, no tengo ganas de remar contra la corriente sabiendo de antemano que no voy a llegar nunca al puerto que yo quiero. O unchongo con el que me quede estancada garchando en la balsa, o una salida que reme conmigo hasta llegar al telo. Mutaciones no.

Por eso es que a mis amigos (chongo/salida/novio) los mido con vara rasa y los tengo muy escogidos, son lo mejor de cada casa.