A los 15 años tuve mi primer novio (A). Era tres años más grande que yo y para mí eso era un abismo. Estuvimos cinco meses de novios hasta que un día no llegaba a mi casa. Yo estaba con una amiga que me empezó a taladrar la cabeza con la ex de él, hasta que me convenció y pasamos por la casa de la mina. Y ahí estaba, con otros amigos de él y amigas de ella, pero estaba ahí. En ese momento pensé que moría. Cortamos. Al poco tiempo, cuando ya todo estaba más calmo y yo volvía a mi nivel de idiotez habitual, volvimos a hablar. Y nos pusimos de novio nuevamente. Cinco meses después desapareció. Nos veíamos todos los días y un día no fue, otro tampoco, otro tampoco. Ni llamados ni nada. Se había esfumado. Lo encontré el fin de semana, muy feliz con sus amigos. Me dijo que no quería estar de novio, que quería disfrutar (que significa garchar con medio planeta) y no me acuerdo más. Me acuerdo clarito del “disfrutar”.
Creo que lloré tres días seguidos, me repuse y al otro fin de semana me emborraché por primera vez (siempre había sido la que cuidaba a las borrachas). Por despecho, seguramente, a los diez días ya estaba saliendo con otro (B), dos años más grande. En esos momentos uno está con la guardia baja y odiando al ex, por lo que no tardé demasiado en sobredimensionar las cualidades de “el nuevo” y darme cuenta que era un verdadero bombón. Salimos infinitas veces en muy poco tiempo. El gran problema que teníamos (tenía yo) era que él se venía a estudiar y yo me quedaba allá (“en su momento veremos”). Cuando llegó su cumple fuimos con mis amigas a la fiesta y nos alcoholizamos a un nivel, digamos, aceptable. En eso, lo vemos que estaba bailando con una amiga de él (la vaca, por la vaca y el pollito) y mis amigas me empezaron a cargar diciéndome que “me lo iba a sacar”. Cuando nos dimos cuenta que el nivel de alcohol en sangre era demasiado nos fuimos afuera a tomar un poco de aire. Me senté en un banquito mirando para adentro, mirándolo a él. Por ahí veo que empieza a chapar con la mina, a chapar con todo. Entre el alcohol y el ataque de nervios, me puse a llorar. Supongo que debo haber estado completamente desconsolada porque días después gente que no conocía me preguntaba como estaba. Hablamos a los dos días, sin escándalos ni lágrimas.
Un par de meses después tuve un breve noviazgo de un mes y medio con el que sería, posteriormente, mi tercer amor (C), cinco años mayor que yo. Lo dejé porque creía que era una persona excelente, aunque un poco absorbente, y yo estaba en otra, todavía lagrimeaba por B. No quería mandarme otra cagada para terminar hecha pedazos así que opté por quedarme sola. B volvió. Yo volví. Salimos un par de meses. Él estaba acá en Capital y yo allá. Un día me manda un mail que decía algo así como que se había reencontrado con una “amiga” que tenía cuando vivía en otro lugar, que se había puesto de novio y que ese finde iba para allá con ella (la abejorra). El mensaje subliminal era “no te me acerques si me ves con una mina porque es mi novia y ni te voy a saludar”. Esta vez ni lloré, estaba en otra. Después que había cortado con C, él se había arreglado con una mina y a mi me había molestado bastante, ya que supuestamente estaba re enganchado conmigo. Traté de hablar con él y como no me daba bola yo salía con B, que de ser titular había pasado al banco de suplentes. En fin. Me quedé sin ninguno de los dos. Esperé. C cortó con la mina. Empezamos a salir. Salimos siete meses, hasta que un día me enteré que se había garchado a una amiga, ex amiga hoy. Y creo que es el único pibe que me lastimó y con el cuál no volví.
Hacía años luz que tenía fichado a un pibe increíble que para mi era inalcanzable (D), el chico del subte del cual ya hablé. Me dio bola. Salimos una vez. Él hacía seis años que estaba de novio con “la travesti” (era linda pero tenía mandíbula de hombre). Cortó con la mina. Empezamos a salir. Volvió con la mina. Dejamos de salir. Nos vimos como a los cinco meses. No hablamos más. Lo volví a ver en septiembre de 2004 en una noche de alcohol zarpada, que acepté volver a verlo y la pasé bomba. Tiempo después me puse de novio (E). Estuve tres años. Es un amor de persona. Simplemente no es para mí, ni yo soy para él. Somos completamente distintos y esas diferencias empezaron a crecer junto con nuestra relación. Por eso decidí cortar por lo sano y alejarme. Él no se merece ser infeliz conmigo porque es una persona excelente. Yo tampoco me lo merezco.
Y acá estoy, más sola que el Llanero y con varias rayas en la pared (como diría Neutro), pero bien. Ya no vuelvo por amor; si vuelvo es porque tengo ganas de pasarla bien algún día y nada más. Ya no me importa estar acompañada por alguien que no vale la pena, prefiero estar sola escribiendo acá. Ya no olvido tanto, perdono pero no olvido.
But one thing I've learned, for every love letter written there's another one burned...
Y la gran pregunta es: how it's gonna be this time?
0 martillazos:
Publicar un comentario en la entrada