domingo, 20 de julio de 2008

La historia de esta historia (behind the scene)

En primer lugar, le voy a pedir disculpas a mi amiga Desquiciada, por destronar su post de ayer a las 21.45. Pasaron tan solo 12 horas, pero si lo dejo para mañana, ya no lo voy a postear. No voy a escribir una desopilante reflexión. Tampoco a catalogar a la gente. Mucho menos plantear inquietudes existenciales. Solo voy a contar una historia, minima de a ratos, un poco mas interesante de a otros ratos también. Una historia, que creo oportuno contarla, debido a esto que alguien dio en llamar el Día del Amigo. Día en el que todos aprovechan para verse con sus amigos. Ir a comer. Salir por ahí. Emborracharse y esas cosas. Yo, ayer. no hice ninguna de esas cosas (Es que tengo amigos que menstrúan y para evitar un bochornoso encuentro, cancelé unilateralmente el evento. Preferí el no festejo a festejar con amigos y la novia de uno de ellos que venía a modo de lastre porque no salía con sus amigas. Simplemente no se me antojó que viniese) y para matar el tiempo me puse a escribir. Me dieron ganas, nada más. Seguramente ella, se sulfure un poquito al visitar nuestro blog, pero que mas da! Acá les va, la estreno con ustedes. Espero que se entretengan!

De casualidad. Mas que de casualidad. La conocí por esas cosas que tiene, lo que muchos llaman, destino. Ajeno a toda posibilidad de elección. Confieso que en un principio no me pareció nada deslumbrante, nada que no haya conocido antes. Pero casi sin darme cuenta y sin buscarlo, encontré una afinidad que con el transcurso del tiempo, fue creciendo en demasía. Una afinidad de esas que dan gusto. De igual modo (sin darme cuenta y sin buscarlo), empecé a escribirle mails por fuera del grupo de la facultad que compartíamos. Los cuales fueron correspondidos, aparentemente de buena gana. Así, fueron transcurriendo los días, hasta que para variar, sin darme cuenta y sin buscarlo, estaba envuelto en un histeriqueo adolescente y de bajo vuelo, que no tenía ningún tipo de asidero, pero que sin embargo me entretenía mucho y me hacía más llevadera la estadía en mi trabajo. Como podría resultar obvio, tanto histeriqueo, terminó despertando lo que no tenía que despertar. No tenía, no podía, no debía. Como el resto de las cosas que antecedieron, sin darme cuenta y sin buscarlo, terminé buscando eso que no tenía, no podía, no debía.
Una determinada tarde-noche, me encontré en el pórtico de su departamento, (histeriqueo mediante) rodeando con mis brazos su agradable figura, la que tanto interés me había despertado, dejando sus hermosos y tentadores labios a escasos centímetros de los míos, pudiendo sentir lo agradable que se sentía su respirar. Dejando escapar lo que ya no podía contener. Segundos después, había olvidado todo lo que me esperaba puertas afuera del departamento para disfrutar de los más prometedores 10 minutos que tuve con alguien en los últimos tiempos. No voy a ahondar en lo que sucedió en esos minutos (caería en los lugares comunes de tantos otros relatos y no viene al caso), pero si puedo asegurar que realmente fueron prometedores. A mi, me encantaron. Pero el atisbo criterio, la sensatez y la cordura pudieron más que el sinsentido y el desenfreno descerebrado y las cosas quedaron ahí. Quedaron en esos 10 minutos y nada mas. Con las ganas vestidas. Sin duda alguna, me hubiese encantado recorrer cada centímetro de su inquietante cuerpo desnudo con mis manos y mis labios. Me hubiese encantado entrar en su cama y quedarme a vivir en ella. Hubiese asesinado por hacerlo como el mejor de los amantes y dormir con ella como el mas enamorado de los novios. Hubiese vendido los migajas de mi alma al peor postor por detener lo que sucedía afuera todo el tiempo que se me antojara. Dicen que cuando primera y última vez son simultáneas, siempre queda el sabor a última. Y es verdad.
Le hubiese permitido ser más que una cita, ser más que una minita, ser más que un garche. Me hubiese enamorado? Seguramente. Pero las cosas son así. Son como son. Algunas personas se cruzan en el momento indicado y otras no. Y esta, fue de las que no. Nos cruzamos tarde.
Por algún motivo en particular, no solo que no nos dejamos de hablar, sino que nos “convertimos en amigos”. O al menos algo que se le asemeja mucho. O al menos, así ella me dice y así le digo a ella. Aunque resulte inverosímil, mantengo los ojos de hombre guardados en un cajón y solo la veo (o trato la mayoría del tiempo) con ojos de amigos. Que por cierto, no tengo muchos. Soy de los que prefieren pocos, pero buenos, a los que se rodean de gente y se sienten Roberto Carlos. Ella está dentro del reducido grupo. Le cuento mis cosas, mis alegrías, mis pesares, mis mambos raros, mis delirantes reflexiones. La atormento con lo que no pudo ser o con lo que hubiera sido si. No suelo hablar demasiado de mis cosas, pero con ella me permito hacerlo. No se por que. Pero lo hago y no me inquieta lo que pueda pensar o incluso, lo que pueda decir. Me entretiene. Me divierte. Me pone de gusto escucharla, que me cuente sus cosas, que me diga, que me tenga en cuenta. Es mi válvula de escape cuando estoy colapsado. Es lo más. A veces patino un poco y termino cuidando un nido que no es el mío, cosa que no me corresponde ni tampoco tengo lugar para hacerlo. No lo hago adrede, me sale así. Debe ser porque la quiero bien y detesto que se mande cagadas. Odio que haga cosas estupidas que no le dan rédito alguno. No tuve la necesidad ni se presentó la oportunidad, pero estoy seguro que puedo contar con ella cuando sea y para lo que sea. Ídem yo, para con ella, claro está.Creo que si en algún momento lamenté el no haber pasado a segunda base en aquella oportunidad, hoy ya no lo hago. Creo que está mas copado así...compartimos un blog...

PD: No dejen de visitar el post de ayer.