lunes, 30 de junio de 2008

La Manta Corta

Advertencia: Todo lo que lean en el siguiente post fue escrito por un ser humano de sexo masculino con la apertura mental suficiente para aceptar, compartir y aprobar la idea del sexo sin amor, el sexo prematrimonial, el sexo oral entre papá y mamá, la vida en concubinato, la paternidad adolescente, la unión civil entre homosexuales, la despenalización y la legalización de la marihuana y mas también, pero que a menudo se encuentra envuelto en luchas sin cuartel contra el Neanderthal que vive dentro de si (NdR: Según Rocío Marengo el Neanderthal era el 9 de River, pero claro, no lo tenia en mente porque ella recién empezaba con esto del periodismo deportivo y solo conocía a los jugadores de los `90 y 2000. Que mina pelotuda por Dios. Minas, como está descerebrada, arruinan el género chicas. Todavía no comprendo como el culo, el par de Telettubies con hidrocefalia que tiene como tetas y el koala ninfomano hicieron que la UNESCO le salvara la vida. Porque posta, hay que matarla por pelotuda).


El texto siguiente, no es más que una exageración de la realidad y una generalización de los extremos. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Tomando un café, una cerveza, comiendo un asado, jugando al truco, en el vestuario del gimnasio, en la oficina, en un torneo de Winning, en donde sea. No hay ocasión que un hombre deje pasar para poner en duda la dignidad de una mujer, sustentándose para hacer tales conjeturas a la cantidad de hombres a los cuales les ha abierto sus piernas. La manera en que se viste, como se pinta, si se hizo las tetas, si revolea el culo al caminar, si usa tanga, si fuma mentolados, la manera en que come su helado de cucurucho, si se menea como muñequito de remis al son de un reggaetón, todos son indicios, pero estos mismos indicios se van a la mismísima mierda cuando sabés (sin importar la fuente) con cuantos tipos se encamó, a cuantos le entregó el tesorito, a cuantos le ofrendó su pesebre.
Definitivamente llegué a la conclusión de que los hombres (no todos seguramente, pero si una importante mayoría que coparía el Senado) padecemos del síndrome de la Manta Corta. Es decir, si nos queremos tapar la cabeza, nos destapamos los pies. Si nos queremos tapar los pies, nos destapamos la cabeza. Porque si una mina no estuvo con nadie, es virgen, ergo, es 0km, nunca taxi ni remis ni mucho menos un “0,75” de Laferrere. Una joyita. Si estuvo con varios, o incluso muchos, ahí ya entra a jugar el sesgo caverna y la catalogamos como una puta. Entonces me pregunto sin encontrar la respuesta: Que tipo de mina queremos cuando nos aventuramos a la búsqueda de una cita? (OJO! No hablo de garches ocasionales con nn´s a las cuales nos importaria un soberano huevo si antes nuestro estuvo el Batallón 601 de Infanteria de El Palomar) La respuesta parece obvia, pero es tan obvia?
Si nuestra conquista resultase una señorita de nula experiencia amatoria, nos quedaría la satisfacción de acercarnos con una tijera, nuestro mejor traje, todos los medios de prensa, personalidades destacadas para cortar la cinta celeste y blanca que de por inaugurada la “autopista del amor”. Sin dudas un logro importante de nuestra gestión. Pero eso no sería suficiente. Lo más probable es que mientras nuestra mente descansa en paz porque la cita no es una versión Beta de Dios, que la entregó a modo de experimentación a un tendal de hombres para que la prueben, nuestro pito alocado se encontrará inquieto ante la falta de verdaderos y excitantes estímulos amorosos. Seguramente, a la espera de una gran tirada (Critica del Domingo, 250.000 ejemplares, un diario sale todos los días) no encontraremos mas que algo poco satisfactorio. Poco satisfactorio si tenemos suerte. Si no la tenemos, estaríamos ante un verdadero problema dado que depositaríamos carne y recibiríamos un churro –Duhalde y la puta madre que te parió-. Patitas al hombro? Lo mas cerca de las patitas que vamos a estar, es de una cajita de Mc Nuggets. Perrito? Pongámosle la correa y vayamos a la plaza a fumarnos uno, porque en 4 no se va a poner ni borracha. Arriba? Si tenemos suerte se va a dejar hacer upa y la tendremos que hamacar como un bebé de 50 kilos. La luz prendida? Se me ríen los huevos de tan solo pensar en que quiera perder su virginidad ante la mirada depravada de un lobo suelto y hambriento.
Caso contrario, si nuestra cita representase un garche supremo, el que descansaría en paz sería nuestro pito alocado y la que estaría acongojada sería nuestra mente. Porque? Porque después de salir del baño del telo con tremendo baby doll, desvestirse de la manera más calenturienta posible, pegarte una flor de peteada (con miradita y risita socarrona all inclusive), montarte cual llanero solitario, pasearte por todo el Kamasutra hasta dejarte las pelotas como dos pasas de uva, empieza esa tan cavernícola presunción. Y ahí, ponemos primera y arrancamos: “Como coge esta mina. Seguro que tiene mas apoyadas que mostrador de mercería. Tiene más kilómetros que la mierda. Me garchó como nadie, pero seguro que como yo, se garchó a patadas. Soy un garche mas, una mancha mas del tigre. Que mina hija de puta, me entregó el orto y ni se lo pedí. Con esta, me sacudí a 8 recién y seguro que yo soy el numero 80” Y así hasta que su voz interrumpa nuestros tan primates e inevitables pensamientos diciendo: “En que pensás?” y ahí, es cuando todos esos pensamientos convergen a: "En la de chotas que habrás probado antes que la mía!”. Pero un sentido de la ubicación y de preservación de la especie nos hace recular para contestar: “En nada, por?”.

El tema es que la manta es y será siempre corta, entonces, nos tapamos los pies o nos tapamos la cabeza?